Alcanzar la cima del Aneto, el pico más alto de los Pirineos (3.404 m). Esta gesta, fruto de meses de esfuerzo, preparación y esperanza, ha demostrado que las limitaciones físicas no impiden cumplir grandes sueños.
La expedición, liderada por la doctora Àngels Martínez-Ferrer, ha sido mucho más que una travesía de montaña. Ha sido una reivindicación visible y valiente de lo que significa convivir con enfermedades como la espondilitis anquilosante o la dermatomiositis, y del impacto positivo que tienen el acompañamiento médico, la actividad física y el compromiso emocional en el bienestar de los pacientes.
Del diagnóstico al abrazo en la cumbre
El ascenso no ha sido sencillo. Cada paso ha supuesto un reto para quienes conviven con rigidez articular, dolor crónico o fatiga. Pero también ha sido una conquista emocional: “La inflamación de la cadera hace que cada paso sea ver las estrellitas… pero he subido el paso de Mahoma llorando, con los ojos escociendo de las lágrimas”, relataba una de las participantes. Ese momento, compartido con abrazos entre pacientes y profesionales, simboliza que la enfermedad no borra la capacidad de superarse.
Entrenamiento, concienciación y transformación
Durante meses, los participantes han combinado escalada, pilates, senderismo y crossfit para preparar el cuerpo… y también el ánimo. Detrás de cada zancada hay un mensaje claro: el ejercicio, la actitud positiva y la visibilización social son aliados clave frente a las enfermedades reumáticas. Además, iniciativas como ReumAneto buscan generar apoyo para la investigación, el acceso a tratamientos y el empoderamiento del paciente.
“Los pacientes han demostrado una capacidad física y emocional impresionante”, afirmaba la Dra. Martínez-Ferrer. Y es que, como bien han demostrado, la fuerza interior puede ser más poderosa que cualquier obstáculo.
Desde la SVR, celebramos este logro como una muestra más de que, con unidad, esfuerzo y humanidad, no hay cima inalcanzable.